martes, junio 29, 2021

Amor en O


La idea de que pueda amarte siempre será debatible, ya que llegas a mí en una caja y eres del tipo inflable. 

Cuando encuentro la pequeña válvula debajo de la piel de tu espalda, la beso con mis labios y deposito mi aliento dentro de ti, querida, llenando la voluptuosidad de tus senos y caderas. En unos segundos se descubre en tu rostro la emoción hasta entonces encerrada de una vocal, mientras tus brazos se estiran como tratando de alcanzar el cielo. Entonces encuentro esta botellita, a lo que me pregunto estúpidamente… ¿por qué? Oh, ya veo, es que no tienes lubricación ya que eres de plástico y costuras; pero eso no importa, cuando cierro mis ojos y me recuesto sobre ti, te conviertes en la mujer de mis sueños.

Pienso en lo silenciosos que serán tus orgasmos en comparación de los de las mujeres a las que he hecho aullar. En el sexo oral nunca babeas, pero no creo que te los tragues, después de todo eres sólo una muñeca inflable, tan insignificante y vacía, de mil doscientos pesos con impuesto incluido.

Nunca podremos tener hijos, y eso tiene su encanto, porque así nunca tendrás que tomarte la píldora; pero tal vez si tenga que ponerte un parche en un brazo que, si eso pasara, ojalá no sea a consecuencia de un mordisco que te haga salir volando por todos lados.

No tendremos que pasar por la mortificación de cenar con tus padres ni de tratar de caerle bien a la suegra. Lo mismo con mis padres, que, de llegar de visita inesperada, podría esconderte fácilmente debajo de la cama.

Amarte tiene sus ventajas: mi cheque está seguro en las quincenas y los dolores de cabeza nunca son un problema; podemos tener sexo a cualquier hora; cuando los muchachos vengan a ver el futbol, te quedarás quieta en el closet: aunque no puedo negar que sería genial que me pudieras ayudar con las botanas y servir la cerveza.

Sin más, eres la mejor compañera que pude haber conseguido. Te amo y no me importa lo que el mundo piense. Me gustas… y aunque los nuevos modelos de latex natural me empiezan a llamar la atención, te prometo serte fiel hasta que tu plástico aguante.

viernes, junio 25, 2021

Cinturón

Quien fuera cinturón de seguridad para abrazarte y protegerte en tu tránsito por los caminos de la vida, mientras te voy abrazando desde tu hombro hasta tus caderas.

martes, junio 15, 2021

Elucubraciones del estado físico temporal de un Bonsai


Esa sensación de vértigo que he deseado toda mi existencia me provoca trascender hacia millones de partículas de cristal esparcidas sobre el piso de losa blanca del departamento de Violeta.

Las torturas y limitaciones a las que fui sometido toda mi vida me dan esta apariencia evocativa de paisajes costeros del lejano oriente: víctimas de la erosión constante de la salada brisa del mar. Y gracias a una proyección onírica de mi jardinero artesano atormentador, mi suplicio se complementa con mi encierro dentro de esta copa de coñac.

Saxon, el gato, descansa bajo el rayo de sol que entra por la ventana, tratando de apaciguar el hambre. Sabe que hoy es el día que Violeta trae de esa deliciosa barbacoa que le encanta. Escucha venir a su ama, y en el momento en que la puerta del departamento se abre, salta por entre los muebles y no se percata de mi presencia.

Por fin termina mi martirio. Disfruto mi caida. Me libero por fin de esta vida de sufrimiento.

Estúpida esperanza, y maldito destino que ahora me hace vivir todo desparpajado en un bote de plástico de yogurt.

¿Cuándo acabará esto?

martes, junio 08, 2021

La Procesión


Hoy es día de procesión. No me siento bien. El triregnum pesa demasiado. Siento líquido entre mis piernas; empiezan dolores horribles y espasmos violentos. Grito. Mi corte me recuesta. La gente se arremolina. La guardia suiza forma una barrera. Para horror de todos los presentes, la cabeza ensangrentada de un bebé asoma por debajo de mi sotana.

La Procesión

Hoy es el gran día de la procesión a través de Roma: desde la Basílica de San Pedro hasta San Juan de Letrán. Desde hace una semana no me siento particularmente bien. La congestión, la barriga hinchada, retención de líquidos. Me pregunto si será gota. Mis médicos sólo quieren la menor oportunidad para desangrarme. De todas mis funciones papales, las procesiones son lo que más odio. Debería prohibirlas. El calor es ominoso y estos atavíos son extremadamente incómodos. Mi secretario hace lo que puede para limpiar el sudor de mi cara. El triregnum pesa un infierno. De repente, siento líquido saliendo de entre mis piernas. Al principio pienso que me he orinado, pero la sensación es distinta. Empiezo a sentir dolores horribles y espasmos en el vientre. Comienzo a gritar. Mi corte se moviliza, me recuestan. La gente se arremolina. La guardia suiza forma una barrera. Las convulsiones abdominales son más fuertes. Para el horror de todos los presentes, una cabeza ensangrentada asoma por debajo de mi sotana. El grito desgarrador de un infante recién nacido paraliza a toda Roma.

 

La Bruja


Hoy un niño me gritó desde un auto "¡bruja!". Por un momento deseé que chocara el carro en la esquina y que el mocoso saliera volando por la ventana, se le cortara el brazo, o yo que sé. Pero luego pensé que con esos padres y la educación que esta recibiendo tendrá un mejor castigo de adulto, cuando esté divorciado y con deudas. Pobres de sus papás, verla andar así por la calle; si yo viera a Pablito así ¡me daría un infarto! ─Pablito, mira a esa muchacha, si algún día te vistes así, te desheredamos, ¿verdad querido?─ ¡Sabrosa! Y que buenos pomelotes. No me importa que sea "darqueta", mientras más tatuajes más locotas están; cualquier cosa es mejor que esta vieja aguada... ─Sí mi vida, ¡te vas a la calle, eh!─ ¡Qué bonita muchacha! Cuando sea grande quiero vestirme así, como en la caricatura de Castlevania; quiero ser un vampiro, o mejor aún, ¡Alucard! Me pregunto a que edad puedo ponerme un tatuaje; me gustaría una daga envuelta en dos serpientes negras, que estén saliendo por los ojos de una calavera... ¡Ay! Que lata con mis jefes ─¡Bruja!─. A ver si con eso se alivianan. Ojalá un día la conozca en persona y le pueda pedir perdón. A lo mejor hasta quiera ser mi novia.

miércoles, junio 02, 2021

La Paradoja del Filete Miñón

Trillones de dólares son las ganancias anuales que el mundo actual otorga a unas cuantas corporaciones, al proveerlas gratuitamente de los datos depositados en sus aplicaciones digitales. Sólo unos cuantos percibimos en cierta medida las implicaciones de esta transacción, y aceptamos las migajas que recibimos a cambio de nuestra valiosa privacidad; sin embargo, no hacemos hincapié en las consecuencias que esto tiene en las personas que no tuvieron esa posibilidad de elegir, y que son entregadas desde que nacen a servir en este negocio injusto. 

En Teoría de la Computación, se le llama “arreglo” a cualquier tabla bidimensional de elementos del mismo tipo de datos; y una “matriz” se define como un arreglo cuadrado, es decir, que sus dimensiones en vertical y en horizontal son equivalentes. De ahí viene el nombre de la película “Matrix”, ya que la historia está basada en una humanidad subyugada por las máquinas, y reducidos a celdas de energía acomodadas de esa manera, donde sus cerebros son conectados a un Software de realidad virtual y la humanidad desconoce su verdadero propósito, viviendo en un falso libre albedrío. 

En un momento clave de la película, el personaje Cypher toma la decisión de dejar el mundo real y reconectarse a la Matrix con el propósito de liberarse de los sufrimientos del mundo real, traicionando a los rebeldes que se oponen al control de las máquinas a cambio de una vida llena de placeres en el mundo virtual; olvidando todo lo vivido previamente. A esto le llamo la paradoja del filete Miñón, ya que cuando Cypher hace el trato con las máquinas, lo hace en un restaurante de lujo, mientras disfruta un trozo de esos cortes, con pleno conocimiento de que es una ilusión, y que aun así la prefiere sobre de la vida de penurias en el mundo “real” (platos de proteína ínfimos e insípidos). 

En nuestro mundo nos enfrentamos día-a-día a una versión hodierna de la Matrix, compuesta de servicios (Facebook, Instagram, Pinterest, WhatsApp, etc.) que crean una ilusión de bienestar aletargante y adictiva. Empero, esta percepción ilusoria es la máscara de una realidad limitada, donde las personas (y los servicios que nos proveen) a las que nos conectamos a través de Internet, son reales, y pueden estar a 2 metros o a 10 mil kilómetros de distancia; y con las cuales estamos (o buscamos estar) involucrados por motivos variados, afectando nuestras decisiones y acciones en una cotidianeidad real, pero restringida, moldeada por nuestros gustos y preferencias. 

En la evolución del Internet desde los años 80 hasta nuestras fechas, se ha dado una transformación, no sólo de disponibilidad al acceso, sino también de adaptación de las maneras de interactuar con sus usuarios. Los destinos en Internet evolucionaron sus interfaces y servicios para atraer el mayor número de visitantes, catapultando incluso nuevos dispositivos físicos (smartphones, tablets, relojes de pulsera, etc). En un inicio, los visitantes eran potenciales clientes, consumidores de bienes y servicios, hasta que Google cambió las reglas del juego en la década del 2000, y convirtió la información de sus visitantes en un producto para sus clientes reales: los consumidores de información. Este es el modelo actual de negocios más redituable del mundo, sólo detrás de la pornografía. En un paralelismo, los Internautas nos hemos convertido en las células de energía eléctrica de la Matrix, alimentados en un mundo placebo, para generar la sustentabilidad de un poder corporativista y fáctico, que nos ofrece servicios de información y comunicación “gratuitos”, a cambio de disponer a sus anchas y sin limitaciones de todos los datos que depositemos en dichos servicios.  

Es aquí donde entra en juego la paradoja del filete Miñón. Las personas que de alguna manera vivimos y contribuimos a la evolución de las interfaces hacia el mundo virtual, lo hicimos, si bien no con plena conciencia, sí con nuestra entera y absoluta voluntad. Pudimos distinguir plenamente entre una realidad sin estos dispositivos y la nueva realidad a través de ellos. Obtuvimos un mundo de facilidades percibidas como placeres a cambio de la rendición de nuestra privacidad y albedrío; olvidamos toda nuestra difícil vida pasada y sus penurias: eliminamos de nuestros círculos sociales a gente que no nos gusta, y nos aislamos en un mundo de cosas y personas que nos causan placer: Pero en el trato, vendimos también a nuestros hijos. Todos los nuevos seres humanos que han nacido dentro de esta nueva era conocida como “digital”, no tienen ese discernimiento y libertad de decidir si quieren formar parte de la Matrix; desde el momento que nacen los conectamos a través de las interfaces y los hacemos parte de ese mundo electrónico: cuando les tomamos una foto y la subimos a Instagram, cuando grabamos su voz para mandársela a la abuela por WhatsApp, y hasta con simplemente dejarlos jugar en una Tablet, los estamos enchufando a ese mundo del cual no existe punto ni de partida, ni de regreso. Se convierten de facto en una célula de generación de datos de consumo para el beneficio de corporaciones multinacionales, que se han tomado como misión la degeneración el mundo real, a tal grado que sea insoportable vivirlo, y así sumir a la humanidad en la dependencia placebo a sus máquinas de absorción de datos. 

Ya hay esfuerzos de algunos gobiernos por limitar la captura de datos de menores de edad en redes sociales: la regulación general de protección de datos (GDPR) de la Unión Europea, la legislación mundial de protección y datos y privacidad de la ONU, etc. Y también existe la contraparte en acciones de “lobbying” de las corporaciones para atenuar dichas reglamentaciones, a través de la influencia con capital económico y político sobre los dirigentes y legisladores con cartas en el asunto. Por lo tanto, es responsabilidad de las generaciones que todavía tenemos ese discernimiento entre el mundo virtual y el real, la de pelear por mantener a los niños fuera de ese sistema, que lo estudien y lo entiendan, y que cuando tengan la edad apropiada para tomar esa decisión, lo hagan.  

Será interesante en de diez a veinte años, descubrir que escogerán esos niños que seamos capaces de preparar: ¿preferirán saborear un jugoso corte de carne virtual en un restaurante Michelin?, ¿ó comer avena real e insípida servida en un trasto de hojalata reciclada? 

sábado, mayo 22, 2021

diálogo

the king of todas las gallinas

que tiene

tenia golden feathers

golden feathers?

en cada papá y cada mamá, todo en wons

que es wons?

wons? se meane que todos estan mezclados juntos, and es la mismo, un papá y un mamá todo mezclado juntos, es un wans

wons?

wans? no wons

ones

ones, si

y?

and, todo el dia pueden lay up to... one millon eggs a day!

one million? ni que fuera una hormiga, una reina hormiga

no, no es una reina hormiga, es una reina chicken, una reina hormiga no puede lay one thousand eggs

más

más que un thousand eggs?

millions 

a million?

millions

a gazillion es más que eso, I mean, no no podia lay como one thousand eggs, a gazillion eggs, one gazillion eggs!

oh, y luego?

y luego esos eggs crecen cualquier tipo de gallina

y laten say a equal que si alguien lo come lo transfornes, 

lo transforme?

si, y ese no es, ese no es, pero nadie queria matarlo, queria dejar para que todos los hens del mundo siguieran viviendo, en caso de ser extintion.

sábado, mayo 08, 2021

Promesa



─¡Espérate, espérate!

─¡Perdón! ¿Te lastimé?

─No, todavía no estoy lista.

─¿Quieres que me baje primero?

─No, más bien, como que no tengo ganas ahorita.

─¡Ah!

─Déjame descansar un ratito y volvemos a intentarlo.

─Sí, está bien

─

─¿Te molesta si canto?

─No. Arrúllame.

─Deja pienso una canción.

─¡Vá!

─

─

─

─Ya te tardaste.

─No se me ocurre ninguna.

─

─Siento el ambiente triste.

─¿Cómo...

─Como si fuera día de muertos.

─¡Ah! ¿Por qué?

─Porque ya no estás aquí.

─¿Qué? Pero si aquí estoy.

─Aún así. No te siento aquí.

─

─Y extraño que no estés.

─

─Me da tristeza. Es como un funeral de algo.

─

─

─¿Estaríamos en un lugar mejor si nos muriéramos?

─¿Eh?

─Sí. Un lugar sin dolor, sin tristeza

─No sé, no lo creo

─¡Ash!

─Pero te prometo que el día que me muera, voy a buscarte y te diré si allá es mejor.

─¿En serio?

─Sí.

─Yo haré lo mismo...

─No peque, tú vas a vivir mucho. Yo me iré mucho antes.

─No digas eso.

─Sabes que sí.

─

─

─¿Y cómo me harás saber? No quiero que me asustes. Sabes como me pongo con esas cosas.

─Cierto.

─

─Ya sé. Con la marca de mi mano mojada dibujada sobre la pared.

─¿Cómo cuando lo hicimos en el callejón mientras estaba lloviendo?

─Sí.

─Me gusta.

─Y tal vez también con mi olor para que sepas que soy yo.

─¡Ay sí!

─"Ay si", ¿qué?

─¿Cómo harás todo eso si eres un fantasma?

─Buen punto.

─

─Ya me las arreglaré.

─¿Y si allá no está bien?

─

─

─No regresaré.

─Okey.

─

─

─

─¿Oye?

─Mande.

─¿Te quieres bajar?

─¡Vá!

lunes, mayo 03, 2021

Diario hiperespacial de pensamientos extraviados

Marzo 24, 2570

Las memorias de antología se pierden entre la discordancia de pequeños caminos que se retoman a menudo en la geografía científica irregular del camino a casa. Esto precisa la circunscripción de los hallazgos, y revelarlos en su naturaleza subyacente, removiendo la capa de apariencia en el universo espacial, y exteriorizando su composición hiperespacial.

En la frecuencia de los treinta Hertz es casi imposible sostener el nivel de detalle necesario para capturar dichos pensamientos de entre los vestigios vertidos en el torrente hiperspacial por los remanentes de la amplitud de onda del lóbulo temporal común. A partir de hoy, intentaré desdoblar esa frecuencia en su rango regular, usando un algoritmo recursivo para tratar de descubrir anomalías fractales en el ruido inherente a la señal.

Julio 17, 2570

La travesía entre desiertos de arremolinadas arenas que raspan los ojos y resecan la garganta, siempre con la leve esperanza de que una pelota de béisbol perdida se revele entre las canaletas detrás de las estructuras piramidales del graderío naranja.

Febrero 28, 2571

[Aquellos] comportamientos autísticos de leyenda en conseguir patrones simétricos quinarios, descubiertos paso a paso a través de los cuasicristales fabricados en los icosaedros de concreto de banquetas, que, en secuencias infinitas, elevan el entendimiento del universo más allá de las malas notas recibidas.

Diciembre 8, 2571

Con tristeza registro en este diario la muerte del Profesor Mori Mori. En los subsecuente, el que suscribe, Dr. J. A. Ashler, continuara los experimentos con la metodología propuesta.

Diciembre 25, 2571

18:30

Las lisinas, riboflavinas y el fósforo que se desprenden por el desdoblamiento de almidones y aminoácidos de cereales del género Phaseolus elevados a temperaturas de ebullición, se compenetran en los axones del bulbo olfatorio, desatando sensaciones de falta de saciedad.

22:41

Entre anticonceptos recién adquiridos en aburridas sucesiones de resoplos en tonos graves en la escala mixolidia (reproducidos por la interminable sucesión de tutores y tineleros), hace su apoteósica aparición el devanado de trémolos en compases binarios de subdivisión ternaria del tema de la serie de dibujos animados en boga.

Febrero 12, 2572

Debido a recortes presupuestales, este proyecto ha sido cancelado hasta nuevo aviso.

Notas para futuras investigaciones

Los viajes infantiles que percibo en el anacronismo de las fantasías humanas que emanan desde y hacia el inconsciente colectivo, y que nos acompañarán para siempre en pequeños recorridos a través del mundo, no parecen encontrar una manera plausible de exteriorización práctica hacia los seres humanos en edad adulta.

lunes, abril 19, 2021

El Pez


“Fishing, with me, has always been 
an excuse to drink in the daytime.” Jimmy Cannon

Anoche tuve la misma pesadilla con el pez: Sus ojos sin párpados, su mirada de terror, gritándome en bocanadas “¡Help! ¡Help me!” y yo lo abrazo y le digo “Calma amigo, estás libre.” lo pongo en el agua y segundos después el infeliz brinca al bote de nuevo. Aquello se repite una y otra vez, conmigo gritándole siempre de mil maneras diferentes que no vuelva más; así hasta que despierto.

Ahogarse en definitiva debe ser más placentero en alcohol que en el agua, e infinitamente mejor que ahogarse en el aire. No recuerdo la última vez que estuve sobrio. El sonido del oleaje desde la terraza de mi nueva casa de playa me ayuda a quedarme en la cogorza por largo tiempo y siempre atina en remontarme al origen de mis pesadillas, de cuando todavía tenía aquella casa en el norte de California. Aunque nunca tuve afición alguna por la pesca ─y sigo sin tenerla─, experiencias con nuevos amigos nunca está de más, sobre todo con la promesa alcohol en abundancia y posibles nuevos clientes o socios. Tras varias horas de cervezas e historias de negocios ya lanzaba el anzuelo hasta sin carnada. Sorpresivamente algo mordió y, con el apoyo de los gritos de emoción de un montón de borrachos, saqué aquel enorme, plateado y hermoso pez. La borrachera continuó en mi casa y por alguna razón alguien decidió que como yo lo pesqué, era mi responsabilidad deshacerme de él ─o algo así. Los vapores de la embriaguez nublan mi memoria del porqué terminó en mi sótano.

Días después el hedor en el sótano era insoportable. El pescado era tan enorme y viscoso que era imposible para mí sacarlo de ahí. Traté de aminorar la pestilencia con cal esparcida sobre los restos,  amarré un paliacate mojado a modo de mascarilla y empecé a cavar un hoyo ahí mismo para darle sepultura. Pensé que había roto una tubería cuando me detuvo el ruido contundente de choque con metal. Quité con cuidado la tierra que para mí alivio continuaba seca y una caja de madera con bordes metálicos comenzó a descubrirse. La misma pala sirvió para abrirla y descubrir que estaba llena de una multitud de monedas en varios tamaños y tonos metálicos brillantes, con escudos de dos torres en las caras e inscripciones en latín “Vtraque Vnum”.

Procuro curarme las noches de pesadilla con el pez con un pequeño ritual que no recuerdo ni cuando comencé: Consiste en sacar de la caja fuerte la urna donde aún conservo los restos que calciné aquel mismo día ¿o tal vez fue unos días después cuando los vecinos se quejaron del olor? ─No lo recuerdo. Tomo una pizca de sus cenizas, las mezclo en mi vaso con güiski y me tiro a saborearlos en la terraza, escuchando la deliciosa música del mar y, aunque lo más seguro es que no hagan nada, me provoca placer jugar con la idea de que envenenan mi sangre en un autoflagelo redentor de mi pecado de asfixiar aquel animal, aunque muy bien sé que ni todas sus cenizas ni todo el alcohol del mundo me harán olvidar el terror y las súplicas que el pez me hacía por devolverlo al agua.

sábado, abril 17, 2021

Entierro


No era mi intención matarlo. Al muy pendejo se le ocurrió pararse en la mitad del asalto y pues, me asusté, y me lo troné. Nos forramos con varios millones y no perdimos a nadie. Como de costumbre, le pasamos su respectiva a la chota y al gerente, y todos contentos… es lo de costumbre. Pero ¡ah! A este güey se le ocurrió hacer su babosada y aquí me tienen en su pinche velorio a ver que chingados se le ofrece a la jodida familia. Al menos hay un chingo de gente; así no se sacan de pedo de ver a alguien que no conocen. La familia no se ve tan en la miseria como me lo imaginaba, sin embargo, se me hace ley hacer paro. Le digo al muertero que vengo de parte del banco y le pago los gastos de la funeraria. El muy imbécil me empieza a hacer preguntas y le dejo ver la fusca que traigo en la cintura, sólo así entienden que no deben meterse en cosas que no les pinches importan. Le pago y le digo que no se le olvide que pagó el banco, que pues, en realidad, así fue. Doy un último vistazo a ver si veo alguna nalguita interesante, digo, por aquello de “no hay velorio sin entierro”. Pero ¡nah! Mejor me safo a Vallarta un rato y veo que encuentro allá, ¡total! El siguiente banco está programado hasta dentro de un mes. Playita, nalguita, depa junto a la playa… este será un buen año.

viernes, abril 16, 2021

Concupiscencias en Japón


─ ¡Es que eres bien puta! ─

Al decir esto Javi, una lágrima rodó por la mejilla de Claudia. Se llevó las manos a la cara al sentir el dolor de que alguien a quien amaba le dijera eso. No sólo fue la herida en el corazón, también el país lejano donde se encontraban. Nunca se imaginó recibir ese maltrato en medio de los jardines del Palacio Imperial en Tokio.

El objetivo de ella siempre había sido encontrar a alguien como él y casarse, tener hijos y tener una vida despreocupada en un suburbio de clase media alta en Austin. Según ella, Javi era un buen partido: atlético, ganaba bastante bien en la industria de los videojuegos, y aparte de ser latino como ella, era una bestia en la cama. Para él, lo más cercano a un objetivo de vida siempre fue cogerse a cien mujeres antes de los cuarenta; el doctorado de Claudia y su importante puesto le importaban nada a comparación de, según sus palabras, lo "buenísima" que estaba, y que era “el mejor culo que se había cogido en su vida”.

En Kioto, los maltratos de Javi siguieron. Incluso en el Tori del templo Fushimi Inari, no faltó una escenita debido a la minifalda de Claudia.

Una semana antes de terminar el viaje, Javi despertó, y al extender la mano a tientas sobre el tatami, no encontró los senos de Claudia, que era lo que más le gustaba manosear por la mañana. Abrió los ojos y no había nadie. Se paró, fue a la cocina, y ahí encontró la nota donde decía que lo dejaba, que había comprado boletos para regresar inmediatamente a Texas, y que no la buscara más.

─ ¡Chingao! ─ Profirió Javi, pensando que tal vez fue demasiado el negarse a compartir el asiento en primera clase que ella le ofreció en el viaje de venida, sólo para poder viajar a sus anchas, sin aquella costumbre que el pensaba era de "viejas", de querer venir “sobres” de él todo el tiempo. Y por primera vez sintió que lo que había dicho tal vez pudo haber estado mal, y algo se movió en su corazón: un dolor que había sentido antes, en la niñez, cuando su mamá abrazaba a su hermano menor después de que él lo había hecho llorar por alguna estúpida broma.

─Pues ni pex, viejas aquí hay muchas─ pensó, mientras arrugaba el papel y lo arrojaba al piso. Se bañó y se puso lo primero que encontró en el veliz. Salió del depa en la prefectura de Shinjuku, y buscó rápidamente algún buen club de “nomikais” (bien conocidas fiestas de desenfreno en Tokio). El úber terminó por dejarlo en una calle cerca del barrio de Ikebukuro. Los transeúntes aquí lo veían raro, ajeno. Al llegar al antro que le marcaba la aplicación de su celular, encontró las puertas cerradas y un letrero en japonés que en ese momento no supo que decía “No Occidentales”. Javi, con desenfado, abrió la puerta y sus ojos se iluminaron por la cantidad de chicas asiáticas topless, que bailaban en medio de luces estroboscópicas, y servían bebidas a los hombres de traje y corbatas desaliñadas que gritaban con la lengua de fuera y los ojos inyectados de lujuria. Su ilusión no le duró más de dos segundos: sintió unos gritos a su espalda y un pesado brazo en su nuca. En la coyuntura del hombro de su brazo izquierdo sintió el dolor agudo provocado por una llave de torniquete que lo arrojó de bruces contra el suelo, que lo lastimaba casi con la misma intensidad que los gritos incesantes del guarura en su oído derecho. De repente, un metálico castañeo de corte de pistola junto a su sien hizo que todo en su mente se enmudeciera, y sólo pudiera pensar ─ ¡ya valió madres! ─.

En su mente apareció la expresión que tendría su madre cuando su hermano le informara que su hijo fue asesinado en un bar de prostitutas en Japón, y fantaseó la respuesta: ─ ¡Este cabrón! Irse tan lejos para ir a un putero, ¡tan pendejo! habiendo tantos aquí a la vuelta ¿a poco le gustaban las monas chinas? ¡esas te gustan más a ti mijo! ─

Dos "yakuzas" (miembros de la mafia japonesa) le dieron la vuelta en el suelo y un tercero le apuntaba con el arma a escasos centímetros de su cara. Le levantaron la playera y le buscaron tatuajes por todo el cuerpo, paraît saber si no se trataba de un miembro de un clan enemigo (por inverosímil que parezca, los rasgos de las personas oriundas del oriente de México son algunas veces afines con ciertos genotipos japoneses). Al fin lo dejaron levantarse y le dieron a entender en un inglés muy carcomido que tenía que pagar el equivalente a cien dólares americanos, ahí mismo, en ese momento. Javi se los pagó, y dejó inmediatamente el lugar. Al caminar media cuadra su estómago se revolvió, y vomitó en medio de la calle.

En medio del bamboleo del metro, miró a una pareja de occidentales que se besuqueaban en un rincón del carro. La punzada en su corazón regresó, con un inmenso sabor a soledad, y se apresuró a repetir las palabras que su hermano siempre le repetía "todas las viejas son unas putas, menos mi mamá y mi hermana". Se puso sus audífonos inalámbricos, y se perdió en su lista de reproducción de reguetón y hip-hop.

De regreso al departamento, le envió un mensaje a Claudia "Lo siento, en realidad lo siento, can we talk?" El mensaje se quedó en visto a los pocos segundos. Después de cinco minutos escribió "Don’t be like that, hon" El mensaje nunca fue recibido. Intentó llamarle, pero se fue directo a buzón de voz. Balbuceó algunas lágrimas de cocodrilo, le dijo algunos halagos en tono sexual, y cuando empezó a proferir obscenidades por haberlo dejado ahí sólo, el tono de final de la grabación se dejó escuchar.

Javi se recostó en el tatami, le dió un sorbo a la lata de Sapporo por la que reprendió a Claudia tres días atrás, cuando la mandó a comprar cerveza y no le trajo las IPA que tanto le gustan; y se dijo a si mismo ─Ni aguanta nada─

Desde su teléfono, actualizó a primera clase su asiento de regreso, y pronto se quedó dormido viendo un canal de animé.


lunes, marzo 29, 2021

Mecanismo Fantasma


Estoy más tranquilo ahora que mis teorías acerca de la psique robótica por fin han sido comprobadas. El proponer sensaciones de presencia y funcionalidad de extremidades removidas en entidades robóticas (aún después de actualizar la información en la unidad de memoria central), me convirtieron en el hazmereír de la comunidad científica durante años. Era anticipable: les creamos a nuestra imagen.

El Proyecto


─¡Ayer si funcionaba, Profe!─

Replicó X85-N1, tras el fracaso de la presentación de su proyecto, aunque sabía bien que no funcionó ni ayer, ni en ninguna otra ocasión. Esta era la segunda vez que cursaba la materia y no podía darse ya el lujo de reprobarla. Sus constructores lo sacarían de la Universidad, y de seguro lo mandarían a trabajar en las lineas de ensamblaje de Autofac.

─Sólo tienes una oportunidad más de entregarlo funcionando. Te espero mañana a las dieciséis cuatrocientas─ 

Respondió el profesor antes de retirarse del salón de demostraciones.

Pasados treinta y cinco grados paralax, X85-N1 comenzó a repasar los elementos del circuito orgánico de su proyecto.

─...energía de enlace en la capacitancia enantiomerática... electronegatividad en las moléculas quirales... resistencia carboxílica en los reactivos nucleófilos... densidad de carga variante en el enlace dihidroxiciclopropánico...─

Todo parecía estar bien. El diseño seguía al pie de la letra el manual de implementaciones de circuitos neurosinápticos.

Después de varias tazas de estimulante de la marca "Nuclear" (que le ayudaron a aumentar en varios millones de ciclos la búsqueda de la  posible falla), X85-N1, exhausto, por fin entró en estado de ahorro de energía. 

Fue durante una de las singularidades de 7 Hz (que ocurren cada cuarenta millones de tics dentro del periodo de hibernación), que algo muy curioso ocurrió: ¡una interrupción! y en un registro ubicado en una zona de la memoria de X85-N1 que raramente se accede en estos modelos, causando su inmediata salida del modo letárgico y elevando la frecuencia de respuesta a niveles ¡más allá de los 30 Hz! Inmediatamente hizo unos pequeños ajustes en la programación, realizó una prueba rápida, recogió todo, y salió en hiperpropulsión hacia la Universidad.

─¡Muy interesante! Te felicito─ Exclamó el profesor ─El estímulo físico en la parte posterior del circuito para inicializar el sistema neural no se había intentado antes. Esto optimiza el alcance de las ondas beta en un tiempo récord nunca antes registrado... creo que tenemos que empezar a platicar de tus opciones de posgrado. Pero antes, ¿podrías repetir el experimento?─

X85-N1 alzó de nuevo el proyecto por los pies, y le profirió sendo golpe en las nalgas que inmediatamente causó una gesticulación de alta frecuencia sonora, característica del simple proyecto final de la materia de Inteligencia Natural.




martes, marzo 23, 2021

El Niño de Argos


Dicen los que lo vieron. Yo no estaba, pero me dijeron.

En el pueblo de Argos vivía Telémaco, un niño de rizados cabellos dorados que jugaba entre las concurridas calles. Menelao, el capellán, observaba a Telémaco en secreto desde la ventana de la sacristía. Diómedes, el carnicero, no perdía ocasión de acariciar las manos delicadas del niño cuando le entregaba el cambio. Anaxibia, la tendera, lo invitó en secreto en más de una ocasión a la trastienda, a lo cual el niño se negó siempre, sonrojado, soltando una sonrisilla pícara justo antes de salir corriendo con la bolsa del mandado.

Cada sábado por la mañana se ponía el mercado en la plaza principal. En el puesto de naranjas coincidieron el capellán y la tendera. Telémaco pasó corriendo frente a ellos. Las miradas de Anaxibia y Menelao no pudieron más que seguirlo. Al sentirse mutuamente delatados en su deseo por el pequeño, sus mentes comenzaron a urdir de entre la duda y el deseo, su propia y legítima redención.

─¡Buenos días, Padre! ¡Qué fresquita está la mañana, ¿eh?

─Anaxibia saludaba así al capellán, mientras acomodaba dos cucuruchos de naranjas en su red.

─Un poquito fresca doña Anaxibia, sí, un poquito fresca. ¡Pero ya calentará!
─Respondía el capellán, que esa mañana vestía sobre la sotana una chamarra de corduroy.

─¡Ese niño! Tan bonito, pero tan travieso. Ojalá nunca lo hubiera visto espiar por entre los barrotes de las ventanas del convento, esas pequeñas que dan a los baños de las monjas.

─Murmuró el capellán.

─¡Precioso! Tan rollizo, pero tan pícaro. Ojalá jamás le hubiese pescado tratando de mirarme por debajo de las enaguas al agacharme a llenar los frascos con keroseno.

─Susurró la tendera.

Pero en los mercados nada que se susurre o se murmure queda en subrepticio. En los días que siguieron, Telémaco era injustamente regañado por los adultos, aislado por sus amigos, rehuido por las niñas.

─Lo mejor será que venga a servir a la iglesia como monaguillo. Creo que eso lo ayudará a enderezar su camino y acercarse a Dios.

─Sugirió el capellán a la madre de Telémaco.

  Después de la misa, Menelao indicó a Telémaco que lo esperara en la sacristía, para que le ayudara a contar las limosnas. Una vez que se quitó la sotana, cerró la puerta y se quedaron los dos a solas.

─Te ves muy tenso, tómate una de esas pastillas que están junto el cepo, para que te relajes.

─Ordenó Menelao, con un gesto gentil, pero con la autoridad de una mano firme con dedos relajados.

En unos minutos, el niño empezó a sentirse somnoliento; el capellán comenzó a masajear con concupiscencia los hombros de su recién adquirido catamita.

─ ¡Pam!

─De repente, la puerta de la sacristía se abrió con violencia. Era Diógenes, el carnicero.

El puesto de carne en el mercado se pone siempre en frente del de las naranjas. Diógenes vio también al niño correr por el mercado, y reconoció la mirada de complicidad entre la tendera y el capellán. Él también deseaba al niño, pero no así. Tomó al niño en sus brazos y lo llevó con su madre.

El secreto del capellán se esparció rápidamente.

Menelao ahora es cura en otro pueblo, y la mirada acusatoria del carnicero pronto provocó que Anaxibia traspasara la tienda, mudándose a la capital para nunca ser vista de nuevo.

Esto es verdad y no miento. Como me lo contaron lo cuento.


viernes, marzo 19, 2021

Parisina

En la sonoridad de la noche acontecen peculiaridades cósmicas de un distintivo satín.
Pretensiones sigilosas envueltas en gráciles transparencias de marfileado batista. 
Concupiscencias cordialmente declaradas en tonos de azul mezclilla. 
Ondulaciones suaves y brillosas de nuestras mentes de tafetán. 

Y me rendiría para siempre por tocar el cielo de georgette en urdimbre de seda en entramados de calicó, donde la vida nos supera y nos cubre con su manto vertiginoso de cheviot. 
Tras la lucha en contra de las olas belicosas de este mar de corduroy 
terminamos rendidos en las tersas y asoleadas playas de franela de nuestras almas. 

Nuestras miradas entrecruzadas de organdí, en cada susurro de cada despertar 
brocadas en plata, jade, avellana y carmesí. 
Los cuerpos de nuestros tiempos recubiertos en interminable satín 
separados por gráciles y coralinas organzas que ilusionan distancia. 

En los caminos de modal, entre los bosques de hayas 
te encuentro frecuente y contenta,
luciendo tu gabardina de popelina. 
En medio de esta afelpada, frecuente y dehiscente nevada cartesiana,
te saludo brevemente, 
y me despido acomodándome mi sombrero de felpas; 
solapado para siempre entre los matices grises del punto imperial.

martes, marzo 09, 2021

Taoyuan Airport


La velada en Taipei no pudo ser más perfecta. Esperando mesa en el oyster bar, Wendy se dió cuenta que yo sabía demasiado de la ciudad, de buenos restaurantes, qué decir y hacer. Ella no es tonta, y es algo que valoro. La considero mi igual, y eso me atrae. Nuestra comunicación era en inglés, pero nacimos bajo lenguajes muy diferentes; yo el español y ella el mandarín. Puse fin a su curiosidad diciéndole que sí, que había salido antes con otras mujeres de esta ciudad. Esta confesión gradualmente la empezaría a poner más celosa, casi difusa, hasta llegar al punto de tener que aclarar las cosas de vuelta en el hotel. El mismo hotel donde más temprano le canté una canción en el sofá mientras coqueteabamos con la mirada; misma canción que le compuse durante la noche anterior. "No me lo esperaba" dijo, y me preguntó el título de la canción; "Special", le respondí. Recuerdo muy bien ese sofá junto a la ventana, donde le di un masaje mientras ella atendía una junta en su celular con un cliente importante. La misma ventana por donde ella juraba había visto a un hombre desnudo en otra ventana de un edificio cercano; excusa para estar juntos buscando un punto en el horizonte y darme una oportunidad de intentar besarla. Y aunque lo descifré, y lo deseé, no lo intenté; mis dudas eran excesivas. Si no fuera por nuestra línea de trabajo, otra hubiera sido esta historia.

Nos conocimos varios años antes en un izakaya al que un colega nos convocó. Yo le dije que invitara a una persona en particular. Él fingió confusión y la trajo a ella. Wendy no recibía órdenes de él, de hecho ella no estaba segura por qué estaba ahi. Esta era una cena de reconciliación por viejas rencillas entre el equipo local y el mio, y mientras la diplomacia hacía su trabajo, yo me concentraba en ella: en la tristeza en sus ojos, en esa mirada profunda y nostálgica que se grabaría en mi mente para siempre. Esa misma tristeza que no estaba en sus ojos esa noche en el hotel; no sé si por la oscuridad interrumpida frecuentemente entre los destellos del 101, o porque sus ojos estaban llenos de celos e ira.

Ella permanecía ahí, acostada junto a mí, viendo al techo, y yo, sobre mi costado, viéndola a ella. La deseaba y ella lo sabía, pero hasta entonces ella en su mente se hacía la primera, la que abriría a este westerner a su cultura, a los laberintos de un estilo de feminidad nunca antes por mi concebida, pero ahora se sentía tracionada por mí y por sus propias ilusiones. Me advirtió que no fuera a cometer alguna estupidez. Yo no supe bien a que se refería y le elaboré un discurso, el cual culminé con una frase que acuñé en mi mente días antes: "no seremos los primeros, ni los últimos".  Esto la convenció. Puse la mano en su vientre y cuando intenté besarla respondió "a este tipo de estupideces me refería". Cuando empezaba a considerar una nueva estrategia, mire al reloj digital en el buró que escribía 4:40 en dígitos rojos, como los de una bomba de esas de las películas. No había tiempo para nada más, los dos lo sabíamos y nos levantamos a hacer las maletas. 

Disfruté como nunca nuestro trabajo en equipo, nuestra fijación por cumplir con los milestones. De su forma de dar órdenes, de tomar decisiones, y de preguntarme sólo lo indispensable. Ella sabía a la perfección como empacar mis herramientas, y eso me pareció demasiado sexy. A las 5:40 estaban todas las maletas listas. Sus regaños y recomendaciones me cayeron en gracia. Tomé el teléfono para notificar de nuestra salida. Todos los preparativos estaban listos, el taxi llegaría a las 6:00. Nos turnamos para ir al baño y lavarnos los dientes: no había aún confianza para otra cosa. 5:50 la abracé y no la quería soltar, ni ella a mi, pero como buenos profesionales la sensación de urgencia nos empezó a hervir. Dimos una última mirada a la habitación que fue nuestra por un día, y deseé que el tiempo se parara ahí. Lo último que vi fue la aurora asomándose por la ventana, y en la luz carmesí del despertador: 5:50. Repasamos los planes una vez más mientras bajábamos el elevador, dejé las llaves en el lobby mientras el taxi nos esperaba. El botones puso los bultos en el maletero y, al darme un papelito con el número del taxi, me preguntó el destino, a lo cual le contesté: Taoyuan airport. Aventé la mochila al asiento y me volví hacia ella. La abracé y le dije "todo va a estar bien". Por último, le susurré al oido en español "te quiero mucho". Ella quiso contestarme algo, pero no lo logró. Me di la vuelta y me subí al taxi. Wendy se quedó ahí, pequeña y sola, en medio de la ridículamente enorme entrada del hotel. Desde la ventana del auto, se me deshizo el corazón en un segundo cuando descubrí en su rostro los mismos ojos de cristal y de melancolía de la noche en que la conocí, aquella noche en que su exnovio la dejó, y la verdadera razón por la cual mi colega la había invitado. Ahora yo la dejaba en ese país al otro lado del mundo; de mi mundo. Nunca dejé de verla mientras el taxi arrancaba y ella nunca se movió del lugar donde la abracé. En el momento en que la perdí de vista me asaltó un pensamiento que marcaría mi vida: Siempre terminamos huyendo de lo que no queremos dejar ir.

sábado, marzo 06, 2021

Zombie

Cuando llego a casa, Candy permanece inmóvil, parada de cara a la estufa.
Si los noticieros dicen la verdad, esto no esta bien - si es un zombie, todo está perdido.
Saco mi arma y me preparo para lo peor.

lunes, noviembre 16, 2020

Tuna

 En el desierto de arenas anhelando arenas de otros distantes (o cercanos) desiertos

tuna te encontré.

¿O me encontraste tú?

Tal vez nos descarriamos.


En la vastedad de los mares de las emociones, nos encontramos

conscientes y diligentes

conversos y perversos

En dicotomías de consciencias informales.


Surcando los cielos de comida vegetariana

Te azucé (tal vez de ahi vienen las azucenas).

Te gustó.

Y salivamos, y saboreamos, y chacoteamos.


¿Qué es lo que buscas?

¿Qué es lo que busco?

Aventurarse a ser feliz, ser más, ...

El reto: las profundidades de nuestras mentes.