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sábado, julio 25, 2026

Lista de cosas que me hacen sonreír

 

Cosas que me hacen sonreír

Grandes instantes y lazos de afecto

  • La mirada encendida de un hijo cuando logra atajar un balón imposible directo al poste, resolviendo con elegancia un problema matemático en la libreta o moviendo una pieza en el tablero de ajedrez con la audacia de quien ya vislumbra el jaque mate.

  • El murmullo cálido de una tarde en casa, rodeado de la complicidad de quien comparte la vida contigo, mientras el perro descansa a tus pies y los gatos observan el mundo desde la cima del sofá con la dignidad de pequeños emperadores.

  • Volver los pasos hacia la tierra natal, sintiendo la brisa familiar de San Luis y el abrazo de la familia.

Elegancias de la mente y la creación

  • La belleza perfecta de un código que refleja la arquitectura que yo diseñé, o ver mi tubería de datos fluir con la precisión matemática de un reloj antiguo.

  • El trazo feliz de un verso que encuentra su ritmo exacto tras horas de búsqueda, capturando la luz del amor en una hoja de papel.

  • La satisfacción callada de dar forma a una idea, como escribir el primer borrador de un cuento o trazar el destino de un proyecto nacido para impulsar la voz de otros escritores.

Pequeños placeres del espíritu

  • Comprender de golpe la arquitectura oculta de un sistema complejo, como quien descifra un mapa antiguo tras observar sus esquinas más oscuras.

  • El aroma del café fresco por la mañana, justo antes de que la casa despierte y el mundo se llene de ruido.

jueves, septiembre 09, 2021

Literatura de Ficción: De la Nigromancia al arte de Pescar

Todas las artes están subordinadas a las convenciones propias de las vicisitudes de sus procesos creativos: La escritura no es la excepción; sin embargo, el arte de escribir ─en especial el género de ficción─ se toma libertades creativas diferentes a todas las demás artes, en un nivel de disimilitud tan alto que tiene por consecuencia provocar que, dentro de las pastas de un libro, el autor se convierta en un soberano y nosotros, los lectores, sus obedientes súbditos. Esto da lugar a un rango de personalidades de escritores que pueden variar desde un rey complaciente y generoso, hasta una tirana conquistadora al mando de ejércitos de leales vasallos.

¿Qué son estas convenciones propias de cada arte? Esto puede ser fácilmente ejemplificado con el trabajo bien conocido de Miguel Ángel Buonarroti que, si bien se vanagloriaba que su oficio consistía simplemente en liberar las esculturas atrapadas en un bloque de mármol de Carrara, su acción redentora le procuraba esclavizarse por meses en la ardua labor de cincelar, tallar y pulir su obra. Lo mismo aplica al ejemplo de la capilla Sixtina, que le cobró años de su vida acostado sobre un andamio a treinta metros de altura, empapado literalmente en pintura y yeso. La genialidad de una obra de arte no se queda en la idea y el concepto, requiere imprescindiblemente del artificio, técnica, experiencia y ardua labor del artista para llevar esa construcción mental a la realidad.

Para el escritor de ficción, estas convenciones van más allá del uso del lenguaje o estructuras literarias, del tema, la historia o inclusive la trama, incluso por delante de sus destrezas en el teclado o máquina de escribir. La verdadera habilidad de un escritor es la de convertirse en un nigromante, un conjurador de entidades que habitan en realidades alternas totalmente desconocidas para él, pero con las que siente una conexión y una necesidad de comunicarles que en este plano existencial habita una mente similar; el escritor mismo. Otro acercamiento a esta habilidad es la de un pescador de caña, que arroja su anzuelo en un lago de profundidad desconocida y visibilidad limitada y que, dependiendo del tamaño, forma y olor de la carnada, tiene ciertas expectativas de la clase de presa que puede atraer, pero que al final sólo está ahí, con la mitad de las piernas hundidas en el fango, por el mero y contradictorio placer de esperar que algo surja de las profundidades sin ninguna expectativa de que realmente pase. De hecho, esta analogía me recuerda una forma de pesca llamada trout tickling (cosquilleo de truchas) mencionada en la Doceava Noche de Shakespeare, que consiste en “sobarle o hacerle cosquillitas en la pancita a una trucha con los dedos. Si se hace de la manera apropiada, la trucha entrará en trance después de un minuto o más y puede ser lanzada al punto más cercano de…” y que me parece la manera más divertida y exacta de describir a un escritor de ficción, que trata de seducir al lector con pequeños detalles que lo hacen sentir bien (o mal, Comedia vs. Tragedia), olvidarse del mundo, hipnotizarlo, y después el escritor puede hacer con el lo que le plazca.

En la secundaria, la maestra de español hizo a mis padres malgastar su dinero en comprarnos un libro con un título espantoso y embustero: “El Galano Arte de Leer”. Leer no tiene absolutamente nada de galanura ni de buen gusto, es como asegurar que la trucha es elegante y gallarda por dejarse engañar por carnada o unos dedos picarones. La producción del ingenio de la seducción siempre estará a cargo del escritor.

Regresemos al creador literario como hechicero oscuro de entidades de otros planos; si bien pudiéramos desviarnos y enfocarnos en los conjuros para evocar los personajes de una obra o en la de establecer una conexión con los lectores, prefiero enfocarme en la capacidad de obtener ayudantes infernales que le ayuden tanto en las labores menos placenteras del galano arte de escribir como en empezar el proceso de invasión y conquista propios del tirano-autor rex.

Rafael Sanzio y Peter Paul Rubens son al arte de la pintura lo que autores como Michael Crichton (a propósito de tiranos rex) e Ian Fleming son para el arte de la escritura de ficción: empleadores de artistas anónimos que implementaron las ideas y siguieron las ideas y los cánones de trabajo del autor principal. Este estilo de ejecución artística se remonta a los gremios del bajo medievo, que empezaron a decaer gracias a los mecenas del renacimiento que subvencionaron la carrera de artistas con la talla de genios, que a su vez retomaron la idea general del gremio pero bajo una única firma de autoría (el arte medieval se caracterizaba por ser puramente eclesiástico y, bajo el principio de humildad, las obras raramente se atribuían a un autor). Rafael y Rubens, cada uno en su época, competían con otros artistas para obtener el mayor número de contratos de patronos no solo del ámbito de la nobleza, pero también de la creciente burguesía, y fue así que prefirieron contratar y formar estudiantes de sus técnicas de creación para que ejecutaran sus obras mientras ellos invirtieran ese tiempo extra de no “tallar piedra”, asistiendo a fiestas y convivios en palacios y casas nobles para asegurar más encargos.  En contraste tenemos a Caravaggio, quien pintaba de manera individual, y aunque su obra fue vastísima, su constante exposición a pinturas basadas en plomo terminó por provocarle un deterioro mental que lo llevó a la muerte justo en la cúspide de su carrera.  De igual manera Crichton y Fleming se comprometieron comercialmente a tantos proyectos que tuvieron que evocar los servicios de ghostwriters (escritores fantasmas) para cumplir con sus contratos, y algunos, como Robert Ludlum (Bourne Identity), que pudieron evocarse a si mismos desde ultratumba para seguir escribiendo secuelas de sus novelas. Después de todo “la única diferencia entre el autor y el ghostwriter es la misma que entre la madre y la partera”.

Aunque el arte de auto-evocarse en múltiples ejecutores de la idea propia, como hemos redactado, no es señera del arte de la escritura per se, si se transforma en único cuando destacamos la habilidad del autor en mantener bajo su control al lector desde los inicios de su obra literaria. Ese mismo control que ningún pintor, compositor, periodista, biógrafo, historiador o dramaturgo podrá tener directamente sobre la psique de su público: la desfachatez de cambiar a voluntad el pasado, presente y futuro, de causar congoja o felicidad al matar o darle otra oportunidad a un personaje; del llevar al extremo la experiencia humana en un cambio caprichoso de humor ocurrido entre un párrafo y otro.

sábado, julio 17, 2021

La Corrupción de la Carne


Cuando se tira un trozo de carne al asador lo menos que se piensa es de dónde vino antes de ser tomado de un refrigerador del supermercado. Comúnmente lo que pasa por la mente es el precio y en ocasiones la calidad. Es muy cómodo limitar el nivel de consciencia en este aspecto y evitar cuestionarse: ¿cómo es posible criar tanto ganado para proveer de este producto a billones de personas?, ¿quiénes se llevan la mayor parte del dinero que se está pagando?, ¿cómo afecta directamente la biodiversidad y la generación de oxígeno en el planeta?

La crianza de ganado bovino es responsable por el ochenta por ciento de la deforestación mundial y es una pieza importante de lo que se conoce como “agronegocios”. En Brasil esta industria tiene una derrama económica que conforma la quinta parte del producto interno bruto (PIB) y a su vez es el mayor causante de la tala y quema ilegal de la selva del Amazonas, que es un ecosistema considerado el pulmón del mundo; no por el seis por ciento de oxígeno que libera a la atmósfera sino por la cantidad de nutrientes que crean el balance perfecto en el mayor generador de oxígeno del planeta: el océano.

La corporación brasileña de productos cárnicos JBS tiene ganancias brutas anuales por cuarenta y seis mil millones de dólares a nivel mundial, y el veinticuatro por ciento de estos ingresos provienen de sus negocios en Brasil[1]. Es importante recalcar que esta empresa es reconocida como una de las más corruptas en el mundo por su involucramiento en varios de los peores escándalos de esta índole registrados en la historia de la humanidad. En el último, su entonces CEO Juan Batista recibió inmunidad al incriminar a numerosos políticos brasileños (incluído un expresidente), revelando que repartió entre ellos ciento cincuenta millones de dólares en sobornos. A JBS sólo se le impusieron multas por tres mil y medio millones de dólares.

Las empresas pertenecientes a la familia Batista tienen fuertes vínculos con el actual presidente de Brasil: Jair Bolsonaro, que durante su controversial campaña prometió liberar “hasta el último milímetro del Amazonas” a los ganaderos y madereros, proporcionándoles libre acceso a áreas protegidas de la mayor reserva ecológica del planeta: ¡y cumplió! A su llegada al poder, una de sus primeras acciones fue subordinar la agencia encargada de la protección ambiental FUNAI al Ministerio de Agricultura, cuyos líderes están fuertemente vinculados a JBS. Desde entonces se han incrementado en un ciento cincuenta por ciento los ataques a organizaciones sociales comprometidas con la defensa de la selva y alrededor de mil quinientas personas[2] han sido asesinadas defendiendo sus tierras.

Pero la resistencia existe, y una de sus principales líderes es Sônia Guajajara, acreedora al premio de derechos humanos Letelier-Moffitt por su postura defensiva en contra de corporaciones poderosas y un gobierno opresor. La ex-candidata a la presidencia de Brasil por el Partido Socialismo y Libertad sostiene que “Bolsonaro es una amenaza para el planeta” e imputa como patrocinadores de su ascenso al poder a JBS y otras empresas transnacionales con intereses agroeconómicos, creando así consciencia de que la destrucción de la selva es responsabilidad internacional: “los que derriban árboles no sólo están afectando a nuestro país, sino a todo el mundo”.

Lamentablemente los esfuerzos proteccionistas de los indígenas del Amazonas son insuficientes: en 2021 Brasil anunció que la deforestación creció en un cuarenta y tres por ciento con respecto al año anterior y que en los primeros cuatro meses de ese año llegó a mil doscientos kilómetros cuadrados[3]; sin embargo, estos son los datos oficiales de un gobierno que públicamente ha proyectado una postura internacional en defensa del medio ambiente pero que es denunciado por organizaciones de activismo ecológico por fomentar subrepticiamente la toma de zonas protegidas tal como se prometió en campaña: “los países industrializados se han hecho ricos destruyendo sus bosques y ahora nos critican por aprovechar nuestros recursos y buscar nuestro propio enriquecimiento”.

Efectivamente, los agronegocios (que también incluyen la industria maderera) han reportado un auge importante durante la influencia de JBS sobre el gobierno, pero sólo una fracción mínima del enriquecimiento ha beneficiado a los pequeños y medianos productores locales, siendo los mayores beneficiados las grandes corporaciones. Las exportaciones de este sector han incrementado veinte por ciento anualmente desde el escándalo de 2017, inclusive después de que EUA prohibiera permanentemente en ese mismo año las importaciones de carne brasileña por su baja calidad e higiene[4]. Actualmente los principales importadores cárnicos son Hong Kong, China y Egipto. No es tampoco de sorprender que Rondȏnia, uno de los estados de Brasil con menor volumen de producción de ganado bovino, y situado dentro del área del Amazonas, haya reportado un crecimiento del sesenta y dos por ciento en el mes de Diciembre de 2019.

Teniendo en mente todos estos datos sería conveniente cuestionarse si el beneficio personal y la derrama económica tras la adquisición de un paquete de carne de res realmente valen la pena en comparación al impacto social y ecológico que conlleva, ya que la sangre contenida en ese envoltorio de plástico no sólo es del animal que se crio en el terreno abatido e incinerado de alguna selva o bosque, también lo es de las personas que murieron tratando de defenderlo.

 


[1] En comparación, la multinacional McDonalds tiene un ingreso bruto anual de veintiún mil millones de dólares.

[2] Dato de 2019.

[3] Similar a la superficie de la ciudad de Los Ángeles, California, EUA.

[4] La FDA encontró diversas enfermedades y contaminantes en la carne, incluyendo, pero no limitado a hule de llantas, heces fecales y cenizas.

miércoles, junio 02, 2021

La Paradoja del Filete Miñón

Trillones de dólares son las ganancias anuales que el mundo actual otorga a unas cuantas corporaciones, al proveerlas gratuitamente de los datos depositados en sus aplicaciones digitales. Sólo unos cuantos percibimos en cierta medida las implicaciones de esta transacción, y aceptamos las migajas que recibimos a cambio de nuestra valiosa privacidad; sin embargo, no hacemos hincapié en las consecuencias que esto tiene en las personas que no tuvieron esa posibilidad de elegir, y que son entregadas desde que nacen a servir en este negocio injusto. 

En Teoría de la Computación, se le llama “arreglo” a cualquier tabla bidimensional de elementos del mismo tipo de datos; y una “matriz” se define como un arreglo cuadrado, es decir, que sus dimensiones en vertical y en horizontal son equivalentes. De ahí viene el nombre de la película “Matrix”, ya que la historia está basada en una humanidad subyugada por las máquinas, y reducidos a celdas de energía acomodadas de esa manera, donde sus cerebros son conectados a un Software de realidad virtual y la humanidad desconoce su verdadero propósito, viviendo en un falso libre albedrío. 

En un momento clave de la película, el personaje Cypher toma la decisión de dejar el mundo real y reconectarse a la Matrix con el propósito de liberarse de los sufrimientos del mundo real, traicionando a los rebeldes que se oponen al control de las máquinas a cambio de una vida llena de placeres en el mundo virtual; olvidando todo lo vivido previamente. A esto le llamo la paradoja del filete Miñón, ya que cuando Cypher hace el trato con las máquinas, lo hace en un restaurante de lujo, mientras disfruta un trozo de esos cortes, con pleno conocimiento de que es una ilusión, y que aun así la prefiere sobre de la vida de penurias en el mundo “real” (platos de proteína ínfimos e insípidos). 

En nuestro mundo nos enfrentamos día-a-día a una versión hodierna de la Matrix, compuesta de servicios (Facebook, Instagram, Pinterest, WhatsApp, etc.) que crean una ilusión de bienestar aletargante y adictiva. Empero, esta percepción ilusoria es la máscara de una realidad limitada, donde las personas (y los servicios que nos proveen) a las que nos conectamos a través de Internet, son reales, y pueden estar a 2 metros o a 10 mil kilómetros de distancia; y con las cuales estamos (o buscamos estar) involucrados por motivos variados, afectando nuestras decisiones y acciones en una cotidianeidad real, pero restringida, moldeada por nuestros gustos y preferencias. 

En la evolución del Internet desde los años 80 hasta nuestras fechas, se ha dado una transformación, no sólo de disponibilidad al acceso, sino también de adaptación de las maneras de interactuar con sus usuarios. Los destinos en Internet evolucionaron sus interfaces y servicios para atraer el mayor número de visitantes, catapultando incluso nuevos dispositivos físicos (smartphones, tablets, relojes de pulsera, etc). En un inicio, los visitantes eran potenciales clientes, consumidores de bienes y servicios, hasta que Google cambió las reglas del juego en la década del 2000, y convirtió la información de sus visitantes en un producto para sus clientes reales: los consumidores de información. Este es el modelo actual de negocios más redituable del mundo, sólo detrás de la pornografía. En un paralelismo, los Internautas nos hemos convertido en las células de energía eléctrica de la Matrix, alimentados en un mundo placebo, para generar la sustentabilidad de un poder corporativista y fáctico, que nos ofrece servicios de información y comunicación “gratuitos”, a cambio de disponer a sus anchas y sin limitaciones de todos los datos que depositemos en dichos servicios.  

Es aquí donde entra en juego la paradoja del filete Miñón. Las personas que de alguna manera vivimos y contribuimos a la evolución de las interfaces hacia el mundo virtual, lo hicimos, si bien no con plena conciencia, sí con nuestra entera y absoluta voluntad. Pudimos distinguir plenamente entre una realidad sin estos dispositivos y la nueva realidad a través de ellos. Obtuvimos un mundo de facilidades percibidas como placeres a cambio de la rendición de nuestra privacidad y albedrío; olvidamos toda nuestra difícil vida pasada y sus penurias: eliminamos de nuestros círculos sociales a gente que no nos gusta, y nos aislamos en un mundo de cosas y personas que nos causan placer: Pero en el trato, vendimos también a nuestros hijos. Todos los nuevos seres humanos que han nacido dentro de esta nueva era conocida como “digital”, no tienen ese discernimiento y libertad de decidir si quieren formar parte de la Matrix; desde el momento que nacen los conectamos a través de las interfaces y los hacemos parte de ese mundo electrónico: cuando les tomamos una foto y la subimos a Instagram, cuando grabamos su voz para mandársela a la abuela por WhatsApp, y hasta con simplemente dejarlos jugar en una Tablet, los estamos enchufando a ese mundo del cual no existe punto ni de partida, ni de regreso. Se convierten de facto en una célula de generación de datos de consumo para el beneficio de corporaciones multinacionales, que se han tomado como misión la degeneración el mundo real, a tal grado que sea insoportable vivirlo, y así sumir a la humanidad en la dependencia placebo a sus máquinas de absorción de datos. 

Ya hay esfuerzos de algunos gobiernos por limitar la captura de datos de menores de edad en redes sociales: la regulación general de protección de datos (GDPR) de la Unión Europea, la legislación mundial de protección y datos y privacidad de la ONU, etc. Y también existe la contraparte en acciones de “lobbying” de las corporaciones para atenuar dichas reglamentaciones, a través de la influencia con capital económico y político sobre los dirigentes y legisladores con cartas en el asunto. Por lo tanto, es responsabilidad de las generaciones que todavía tenemos ese discernimiento entre el mundo virtual y el real, la de pelear por mantener a los niños fuera de ese sistema, que lo estudien y lo entiendan, y que cuando tengan la edad apropiada para tomar esa decisión, lo hagan.  

Será interesante en de diez a veinte años, descubrir que escogerán esos niños que seamos capaces de preparar: ¿preferirán saborear un jugoso corte de carne virtual en un restaurante Michelin?, ¿ó comer avena real e insípida servida en un trasto de hojalata reciclada?