Una de mis formas de ira proviene del dolor emocional. ¿Cómo lo siento físicamente? Yo siento primero algo en el esternón, como si se estuviera liberando una sustancia fría y ácida desde ahí hacia mi pecho, y a continuación la sensación se me traslada en un segundo a mi lóbulo frontal, donde siento como si se empezaran a desconectar todas las neuronas que controlan mi pensamiento racional.
Lo que viene a continuación es difuso. Es una mezcla de pensamientos
acelerados, sobrepensar en la situación y tratar de protegerme de la mejor manera,
tratando de adelantarme a lo que va a pasar y empezar a tratar de atar cabos
sueltos acerca de la razón de lo que me causó el dolor, pero estos pensamientos
se van diluyendo en una sensación de calor en mi sien; mis brazos y mis codos se
sienten diferentes, pesados, pero llenándose de una energía latente.
Si estoy solo, la ira se convierte en deseos de acción que
se sienten inevitables y mi razón entra en modo de protección. Otra protección,
una protección de ella misma sobre mi yo animal, el que quiere defenderse con
agresión. Esta guerra en mi cabeza es dolorosa; me llena de adrenalina y de cortisol,
que me provocan sudar frío y temblar la mano izquierda. Un dolor agudo en mi
codo empieza a intensificarse.
Si estoy con alguien, especialmente con la persona que me
causó la ira, esa energía en los brazos se convierte en manoteos, ese calor en
la sien baja a mi garganta y siente que me aprieta y me hace exclamar lo que me
enoja, por qué me enoja, y la razón quiere explicarlo todo y al mismo tiempo el
instinto quiere reclamar, quiere rendición inmediata a mi ira, para poder
saciarla, para poder calmarla.
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